SI YO FUERA DIPUTADO...

Cada vez que me invitan desde las esferas del poder o, para hablar con propiedad, desde las instancias de toma de decisiones, a hablar sobre el tema de los jóvenes, se entabla en mi interior una lucha entre mi lado oscuro y mi lado luminoso; por una parte, me digo: mí mismo, ahorita es el momento para decirles todas las cosas en que la están fregando (quizá no haya otra oportunidad), pero al mismo tiempo, mi conciencia ciudadana (ahora tan de moda), me dice: no, tienes que ser propositivo, debes hacer planteamientos constructivos, bien fundamentados, para que te tomen en serio, sino en balde tantos años de estudiar estos asuntos.

En fin, a decir verdad no sé que lado triunfó esta vez, sobre todo porque si algunas veces he tenido oportunidad de hablar ante el poder ejecutivo, ésta es la primera que hablo ante el poder legislativo; eso sí, espero que nunca me cite el poder judicial, porque ahí no sabría qué decir, más que declararme inocente.

Con todas estas dudas, el único camino que encontré fue reflexionar, como lo haría Cantinflas, sobre lo que yo haría, si fuera diputado... confío que sean condescendientes con mi candidatura.

El tan llevado y traído tema de las políticas de juventud, en realidad tiene poco tiempo de haber cobrado relevancia; antes, todo lo que tenía que ver con jóvenes, se metía automáticamente en el cajón educativo y ya muy exagerada la cosa, se hacía una extensión con el deporte y la recreación; en parte esto era entendible por el momento de euforia sobre el crecimiento y la industrialización que el país vivía, pero esos eran los años cincuenta, así que si ahora todavía existe gente que piense de esta manera, a’i se los aiga, como diría mi abuela o parafraseando el final de las películas, toda semejanza con la realidad arcaica es mera coincidencia.

El concepto de políticas de juventud, surge cuando la realidad de los jóvenes se complejiza de tal manera, que es necesario articular distintas vertientes de trabajo bajo criterios coherentes, y así lograr impactos complementarios y no contradictorios.

Volviendo al ejemplo de la educación, las políticas instrumentadas hicieron crecer la matrícula escolar exponencialmente, sobre todo la educación superior, pero al contraerse la economía y no haberse establecido una política de empleo juvenil, el excedente de jóvenes egresados solo pasó a engrosar las filas de la desocupación o del subempleo.

Estamos al final de la década de los setenta y la políticas de juventud ahí están (como la puerta de Alcalá), pero desde una perspectiva de las instituciones públicas. Todavía se creía que el Estado de bienestar podía resolver o cuando menos aminorar, los problemas de inequidad. La crisis de los ochenta nos vino a contradecir, el Estado o más precisamente el aparato gubernamental, tiró la toalla en materia de juventud (y de otras cosas también) abriéndose un espacio de “ahí nos vemos al final del túnel.”

Pero también, como diría mi abuela, no hay mal que por bien no venga; el retiro gubernamental de la coordinación de las políticas públicas de juventud, y la fragmentación o desaparición de sus programas, hizo que otras instancias tomaran conciencia para ocupar los espacios que estaban descubiertos y así aparecieron como actores relevantes, las ya famosas organizaciones no gubernamentales que a pesar de sus limitaciones y a veces con más voluntad que razón, comenzaron a multiplicar sus trabajos en el ámbito juvenil.

Esto mismo hace que se produzca una revolución casi copernicana en la concepción de las políticas de juventud; se vio que ningún gobierno por sí solo podía (de todas maneras, a veces ni quería) atender todas las demandas juveniles, que atravesaban horizontalmente a todos los sectores sociales de un país. En este sentido, las políticas gubernamentales se convierten en una sola de las vertientes; ahora, además de los mismos jóvenes, la sociedad entera y sus organizaciones también son actores y diseñadores de las políticas de juventud.

Y con esa pena andamos, tomando conciencia que todos tenemos que aportar para la construcción de políticas integrales de juventud y, obviamente una contribución decisiva, es la labor que tiene que desarrollar el legislador ¿Cómo y dónde? De eso se trata algunas ideas que comparto a continuación, después de este rollo mareador que me ha servido de introducción a este humilde decálogo sobre los jóvenes de lo que yo haría, si fuera diputado...

1º Desearás que todos los jóvenes que vivan en pareja, tengan derecho a la vivienda.

Un tema que nadie le quiere entrar es el asunto de que los jóvenes que se casan, mediante cualquier rito (civil y/o religioso) o sin él. Es cierto que en nuestra cultura nacional el tipo de familia extensa ha sido toda una tradición, pero ni tanto que queme al santo, ni tanto que no lo alumbre; y para no citar cifras, recurro mejor a que revisen su experiencia personal, si es que alguno ha vivido en unidades habitacionales.

Hace 20 años tener un departamento en uno de estos conglomerados, representaba vivir con decoro y hasta con cierto prestigio, ahora más bien se han vuelto una permanente angustia, no solo por el asunto de la seguridad, sino por el hacinamiento que significa tener a las nueras y/o yernos, a veces ya con nietos, en el mismo techo.

Pero lo más complicado para las jóvenes parejas (aparte de soportar a las suegras), es que su estatuto de semidependencia paterna no termina y sus expectativas se ven frustradas para integrarse plenamente a la ciudadanía. Y si esto sucede con los clasemedieros, imagínense a los jóvenes de los sectores populares, que como habitantes de los asentamientos irregulares su única opción es convertirse en invasores de terrenos para medio cumplir su deseo de casa.

Ya sé que las leyes financieras del mercado dicen que un joven por ese mismo hecho, no es sujeto de crédito bancario (a veces ni social), pero si la imaginación legislativa se echara a andar, posiblemente se encontrarían algunas opciones, que además ayudaran a moldear las concentraciones urbanas, generándose programas de apoyo en esta materia para las ciudades pequeñas o intermedias, lo cual adicionalmente detendría la migración.

2º Buscarás que las empresas se conviertan en corresponsables de la capacitación y del empleo de la nueva fuerza de trabajo

Otro tema donde el legislador puede coadyuvar al establecimiento de una política de juventud es el empleo. Siempre se afirma que el primer problema juvenil es encontrar trabajo; son los últimos en ser contratados y los primeros en ser despedidos, pero los que más se han beneficiado del esfuerzo nacional por tener a las nuevas generaciones más educadas, son las empresas, sobre todo las más grandes, que cada vez establecen mayores requisitos para contratar mano de obra.

Mi pregunta siempre ha sido, por qué no hacer a los empleadores corresponsables en el mejoramiento de la calidad de la nueva fuerza de trabajo, por qué no intentar programas de empleo juvenil que a todos beneficie; ejemplos y experiencias hay muchas en otros países: el empleo compartido para estudiantes; la reactualización de la figura de aprendiz que para tantos muchachos fue decisiva; los empleos juveniles solidarios con las comunidades, etc. Y como nada en esta vida es gratis, el legislador diseñará estímulos fiscales o exenciones para los empleadores que le entren a estos programas o que desarrollen los propios.

3º No buscarás responder a la delincuencia juvenil con más violencia y castigos

Como bien nos enseña la tradición, cuando un hijo se equivoca y hace algo mal, la primera reacción de la autoridad paterna es darle sus trancazos para que se corrija, pocas veces se le pregunta o se indagan las razones de su acción. Esta actitud se reproduce a nivel social, lo primero que se nos ocurre cuando nos espantamos de algunos sucesos realizados por jóvenes, es reducir la edad penal y aumentar los castigos; pero todos también sabemos que nuestras mejores universidades del crimen son las cárceles que tenemos y que al encerrar a más muchachos y por más tiempo, sólo los enviamos a una profesionalización de la que no se tiene regreso.

Por qué no entonces, mejor romper el círculo viciosos (además de lo ya tantas veces dicho que la delincuencia es una consecuencia y no la causa) y pensar en rediseñar nuestro sistema carcelario, para que sea de verdad readaptativo; por qué no legislar para crear cárceles intermedias cuya base sea la educación y no el castigo, como lo ha propuesto algún editorialista o, formar granjas productivas para crearle un nuevo ambiente al joven delincuente; por qué no darle en fin, otra oportunidad al que empieza con errores su caminar por la vida.

4º No identificarás automáticamente adicciones con jóvenes

Yo siempre lo he dicho, este tema es el que menos me ha atraído de la cuestión juvenil; como investigador es el único que desde que empieza uno a caracterizarlo y buscar alternativas, sabe que siempre al final debe recomendar el “no a las drogas”; al mismo tiempo, mientras que en los demás temas siempre hay que señalar su especificidad: empleo juvenil, participación juvenil, cultura juvenil, etc., en este con decir adicciones, todo el mundo piensa automáticamente en los jóvenes.

A riesgo de parecerme a Cuauhtemoc Sánchez, recuerdo el planteamiento de un amigo, experto en el estudio de estos asuntos, que alguna vez afirmaba: solo lograría dejar este mundo sin drogas, en el momento que todos tuviéramos satisfechas nuestras necesidades de afecto, es decir, amar y ser amados. Pero si yo fuera diputado me pondría a reflexionar y analizar sin más pasiones que la verdad, desde: la posibilidad de la legalización de ciertas sustancias (moción de procedimiento: no lo estoy proponiendo, que conste; pero si lo pensaría), hasta la búsqueda de modificar ciertas ideas “drogocéntricas”, como el mismo concepto de adicciones, que habría que cambiar y especificar mejor como “el uso indebido de substancias x, y ó z”. Porque adicciones hay tantas y ninguna adicción es igual; desde curar la depresión comprando vestidos en El Palacio hasta la adicción al poder que algunos tienen. En fin, como Alberto Cabrese, Presidente del Fondo de Ayuda Toxicológica decía: “Mejor que hacer una política contra las drogas, es hacer una política de promoción y desarrollo del sector juvenil”.

5º En lugar de estilos saludables de vida, promoverás una mayor calidad de vida para los jóvenes.

En materia de salud, si ustedes lo piensan bien, el único sector que no tiene atención médica especializada son precisamente los jóvenes, existe la pediatría para niños, la ginecobstetricia para las mujeres; la geriatría para los ancianos, pero para el sector juvenil no la hay, con excepción de algunos médicos intrépidos que ahora parece que comienzan a abrir espacios por su riesgo y cuenta. La justificación es sencilla, los jóvenes son los que menos se enferman.

No obstante, la morbi-mortalidad juvenil tiene otras causas: los accidentes, la violencia, los suicidios, los abortos; y todos éstos tienen en común procesos vinculados con un aspecto adicional al fisiológico: el afectivo. Los sentimientos, las pasiones, los deseos son aspectos que quizá solo permitimos en la telenovelas, pero rara vez están presentes en la cotidianidad, sin ver que son un elemento primordial en nuestra vida y sobre todo en el periodo juvenil. Muchas de las campañas de salud se dirigen hacia los temas fisiológicos, aún ciertas campañas de educación sexual, incluida la lucha contra el sida; pero pocas veces se pone atención a lo que preocupa a los jóvenes: sus afectos.

Yo no sé cuales serán los estilos de vida saludables, quizá sea el estilo de vida de El Palacio, pero lo que sí sé es que la calidad de vida es un concepto más globalizador de la vida humana. Por lo tanto, el legislador tiene un compromiso para impulsar espacios adecuadamente normados, donde los jóvenes además de poder consultar sobre la menarca o sobre la masturbación, sobre el uso del condón o de otros medios anticonceptivos, pueda tener una asesoría profesional en lo sentimental, si por ello se entiende, tener un lugar donde plantear sus dudas afectivas en todos los ámbitos y que le ayuden a tomar las decisiones pertinentes sobre su vida.

6º No te olvidarás de los sectores juveniles olvidados

Quizá existan muchos sectores juveniles que rara vez alguien se acuerda de ellos, pero hay dos a mi modo de ver muy importantes: uno es el de los jóvenes campesinos o indígenas, algunos hasta dicen que no existe juventud en estas poblaciones; otros los detectan una vez que se hacen presentes en las ciudades, vía la migración; pero lo cierto es que tienen problemáticas específicas que nadie las atiende como tales, por ejemplo, el asunto de la tenencia de la tierra de las nuevas generaciones del campo, o de sus procesos de transculturación. Aquí el legislador tiene una tarea vastísima y el campo debe ser su campo.

El otro sector juvenil, prácticamente olvidado en su especificidad, son las jóvenes que no estudian ni trabajan; y aunque me había prometido no dar datos, aquí es necesario para valorar la importancia que tienen. Según el Censo de 1990, las mujeres entre 15 y 29 años de edad, que estaban trabajando ni tampoco estudiaban ascendían a: 6 millones 903 mil. Cierto, la mayoría se declaraba realizando quehaceres domésticos y muchas de ellas ya se encontraban casadas o unidas, laborando como mamás de tiempo completo. Pero si nos ponemos a reflexionar que toda esta capacidad no tiene mayor horizonte que la puerta de su casa y si acaso la del mercado, sus posibilidades de desarrollo son prácticamente inexistentes.

7º Lucharás porque los medios no se conviertan en fines

Ya se ha dicho hasta el cansancio la lucha que hay que establecer para que los jóvenes salgan de las páginas periodísticas y de los reportajes radiofónicos y televisivos de la nota roja y del deporte. También se ha denunciado constantemente la trivialización que sobre todo la televisión y ahora en algunas estaciones de radio, se produce en torno a estereotipos de lo juvenil, donde aparecen los jóvenes como idiotas o como delincuentes y descarriados.

Pero como dice Eva Giberti, los medios ahora se han convertido en “parafamiliares mediáticos”, concepto que aunque suene muy complicado (por no decir otra palabra), sólo significa que ciertos locutores o conductores de programas de radio o televisión entran tan cotidianamente en las casas, que se genera con ellos una cierta familiaridad y lo más complicado, hasta se les reconoce autoridad; se convierten así en un puente entre lo público y lo privado.

Si bien el tema es difícil y complicado porque se puede argumentar el derecho a la libertad de expresión; el legislador tiene mucho por hacer, entre sus tareas cuidar que no se promuevan ciertas actitudes de intolerancia y discriminación; pero por otra, reglamentar para que estos espacios se abran a todas las expresiones juveniles, y donde exista no sólo la difusión sino la comunicación verdadera, es decir, el diálogo. Esto tampoco quiere decir hacer cosas aburridas y solemnes, para que todos los jóvenes apaguen su radio o le cambien cuando se transmitan este tipo de programas; el reto es como aprovechar todas las técnicas de entretenimiento para establecer intercambios de puntos de vista.

8º Promoverás la tolerancia y el consenso como los caminos por excelencia para formar ciudadanos comprometidos

Estamos ante un recrudecimiento de las actitudes de intolerancia de las generaciones jóvenes, el desprecio por el otro que es diferente a mi, cada vez se hace más presente en sectores juveniles amplios, lo que implica trabajar arduamente en la generación de consensos.

Y como el buen juez por su casa empieza, si las actitudes parlamentarias no muestran esta sensibilidad ante el renacimiento de los fundamentalismos, los conflictos se recrudecerán y como ocurre la mayoría de las veces, los jóvenes es en quienes se cataliza de manera más inmediata estas actitudes. Al buen entendedor pocas palabras.

9º Promoverás la perspectiva de juventud en la aprobación de los presupuestos institucionales

Así como las mujeres han logrado que cada vez con mayor fuerza se incluya la perspectiva de género en los programas y acciones de las diferentes instituciones, así se debe luchar porque los programas públicos tomen conciencia de las especificidades juveniles, no como adultos chiquitos, sino como un sector con características particulares y reclama tratos diferenciales. Y como el amor se demuestra en la nómina, hay que trabajar para que los presupuestos para jóvenes no sean los primeros en verse reducidos ante las negociaciones de las fracciones parlamentarias, las bajas del precio del petróleo, las devaluaciones del dólar o por la incompatibilidad de caracteres de algunos funcionarios. La perspectiva de juventud no trabaja para el futuro, trabaja para el ahora.

10º No creerás que con la creación de un Instituto de Juventud, ya la hiciste, eso es sólo el principio, los otros 9 mandamientos son lo más importante.

La política de juventud no se construye con sólo instituciones, se edifica con conocimiento de los sectores juveniles, con trabajo de toda una sociedad, con programas específicos y con acciones concretas. Lo demás es lo de menos.

La creación de una institución de juventud puede ayudar si está bien conceptualizada, bien diseñada, bien profesionalizada, bien posicionada jerárquicamente en la administración pública y sobre todo, si establece una buena comunicación con los propios jóvenes. Pero si falta alguna de estas condiciones, sólo estorbará. Por eso yo recomendaría que primero se trabaje para desarrollar programas y acciones y lo demás vendrá por añadidura, como dijo quien lo dijo. Si se genera una dinámica tal que logre volver el tema de juventud a la agenda nacional, naturalmente se necesitará una institución articuladora, normativa y evaluadora, acorde con las acciones que se están llevando a cabo. Si se invierte el proceso quizá pase lo de otras experiencias, después no se sabe qué hacer con ella.

Recordemos que el objetivo último de las políticas de juventud, según lo ha planteado alain Turaine es: fortalecer la capacidad de los jóvenes de ser actores de su propia vida, capaces de tener proyectos, de elegir, de juzgar de modo positivo o negativo y, capaces también, de establecer relaciones sociales, ya se trate de relaciones de cooperación, de consenso o hasta conflictivas.

Sí, el trabajo con los jóvenes tiene el riesgo que después de esfuerzo, sangre, sudor y lágrimas, nos digan que eso no era lo que deseaban y entonces tendremos que volver a empezar.

Pues bien, estas serían mis líneas conductoras si yo fuera diputado... pero como diría Chava Flores: ¡A qué le tiras cuando sueñas mexicano!, así que mejor renuncio a mi candidatura en favor de lo que ustedes puedan y quieran hacer.

Gracias.

honor a quien honor mereces... José Antonio Pérez Islas Coordinador del Centro de Investigación y Estudios sobre Juventud

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